viernes, 10 de septiembre de 2010

El ángel



Dormía plácidamente cuando el ángel de la muerte me tocó el hombro, al sentir que alguien me movía desperté sobresaltada, miré a ambos lados pero no había nadie, una risa divertida me hizo mirar hacia arriba y ahí estaba, volando muy cerca del techo, casi tocándolo, hermoso, fue lo único que logré pensar, cuando me serené un poco le pregunté qué hacía ahí, a lo que me contestó que venía a recogerme, pues mi hora ya había llegado, por poco salto de la cama a prender las luces, pero él rápidamente apareció frente a mí con una con una sonrisa sin significado para mi corta mente humana, mirándome con sus ojos de un impresionante color me preguntó cuál iba a ser mi último deseo y que dependiendo de la lógica que tuviera me lo iba a conceder o no, entonces, armándome de valor le pregunté, “¿Podría vivir un poco más?”, el ángel me sonrió y me preguntó cuál era mi escusa, lo miré confundida (bueno, con más confusión), viendo mi perplejidad el ángel rió y me acarició el cabello “Para qué quieres vivir más”, ¿Cómo que para qué?, ¡simplemente quería vivir! Fue lo que se me cruzó por la cabeza responderle, pero no, a aquel hermoso ángel no podía responderle de esa manera, y aunque me costara aceptarlo aquella no era una escusa válida. Pensé fuertemente para qué quería seguir viviendo, ¿Para conocer a más gente? , No, a lo largo de mi vida (no he vivido mucho, conste) he conocido gente buena, generosa, amable, con sentido del humor, con un alto sentido de la moral, otras no con tanto, si, no era la gente, ¿Quería ver más mundo? Me gustaría, si, no puedo negarlo, pero no era algo esencial en mi vida… o en lo que me quedaba de ella, ¿Qué quería?, el ángel me tomó de la mano y me dijo “Conoces a mucha gente, has conocido un poco del mundo, no tienes de nada de qué arrepentirte, has sido una buena ciudadana, buena hermana, amiga e hija; conoces a la perfección a tus vecinos y amigos, sabes cuál es el restaurant preferido de todos tus amigos, pones a tu familia siempre por delante, luchaste por todo, nunca te diste por vencida en nada…” las palabras del ángel se perdieron en mi mente mientras un pensamiento cruzó por mi cabecita, realmente conocía muy bien a las personas, en eso me pregunté ¿Cuál era mi comida favorita?, ¿Mi restaurant preferido?, siempre me he dedicado en complacer a la gente, y luchaba era por ellas, por los sueños que ellos tenían para mí, pero nunca hice nada que me llenara realmente por dentro, ¿Cuál era mi sueño? Miré al hermoso ángel ya segura de mi respuesta “Según lo pones he hecho muchísimas cosas y conozco mucho de muchas personas, pero en vez de saber todo aquello me gustaría saber cuál es mi propio platillo favorito, encontrar un lugar al cual llamarlo hogar, hacer cosas que yo quiera hacer…” el ángel me interrumpió con una sonrisa espectacular “En pocas palabras querida, Quieres conocerte a ti misma” lo miré a su vez sonriéndole, el ángel parecía feliz, me besó en la frente y de repente me sentí adormilada, como nunca en la vida, pude sentir que el hermoso ángel se marchaba, no quería que se fuera, debí hacer algo porque el ángel me acarició la frente y me dijo unas palabras de despedida “Hasta dentro de un tiempo querida… un buen tiempo”. Cuando desperté en la mañana todo parecía haber sido un sueño, un hermoso sueño que me había cambiado la vida.

A lo lejos el ángel de la muerte observaba como la joven se levantaba y comenzaba a arreglarse para ir a la universidad, en eso otro ángel se le acerca con gesto de reprobación, el ángel de la muerte sabía que estaba prohibido visitar a los vivos cuando su hora todavía no había llegado, pero para él aquella joven había estado muerta desde el instante en que dejó que todos la movieran como quisieran, y no es que estuviera mal complacer a los demás, nada que ver, lo que estaba mal era perderse a uno mismo, y el ángel la había ayudado a encontrarse nuevamente. El otro ángel le iba a decir algo, pero su amigo era demasiado testarudo, y nada de lo que le dijera le haría cambiar, le sonrió y siguieron su camino.

FIN

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