martes, 30 de abril de 2013

Memorias de un alma


Y todo se fue como llegó, como un suspiro, como un llamado a la paz, ignorado, violento, sin gracia y sobretodo solo; siempre solo.

No me quejo,  la soledad no es tan mala una vez te acostumbras, es como una pesadilla interminable a la cual le comienzas a ver la gracia como a la mitad, como cuando te das cuenta que el monstruo que creías que estaba debajo de la cama es aquel que ves siempre en el diario, en la calle, en las noticias, en la cara de tus familiares, ese monstruo perpetuo que no te deja dormir es el que te mantiene despierto por las mañanas, en la escuela, en el transporte, en la vía pública y el que te abraza una vez llegada la noche en su calor infinito, llenándote de falsas esperanzas y llorando por irse, porque siempre quiere irse, no le gusta su estado de abandono total, no le gusta que le recuerden que al fin y al cabo está solo.

Ese monstruo me acompañó toda la vida, entonces pensarás, no estuviste solo al fin y al cabo, pero si el monstruo es la soledad, ¿en qué estado estaba yo?, en un estado de olvido, en un limbo gracioso, si, siempre la gracia, en la que uno cree que está acompañado y cuando abres los ojos son sonrisas vacías las que te encuentras, son palabras que no tienen mucho sentido, son roces fríos e inhumanos, nada te gusta, nada te satisface,  buscas la salida y no la encuentras.

Sigo sin quejarme, ese pasillo infinito con miles de puertas a los lados, unas más grandes y otras más chicas que comparten la misma característica que es que todas siempre están cerradas, nunca terminaba, siempre perduraba.

Fue un momento de desespero total en el que pedí ayuda, ya no quería sentirme solo, pero la persona que me ayudaría estaba más sola que yo, y contrario a lo que se piensa, dos almas rotas no forman una completa, en este caso se sumaron y formaron una soledad mas grande, un vacío más intenso, y un silencio tortuoso, siempre un silencio. Como un frío sorpresivo cuando no tienes abrigo, como una nevada temprana que no se cansa y perdura, que continúa hasta verano, y no para.

Creerás que fui infeliz, no lo fui, cuando no conoces la felicidad eres incapaz de ser infeliz, cuando no conoces los colores te es imposible imaginar un arcoíris, cuando no conoces una democracia no eres capaz de ver que en realidad vives en dictadura.

Siempre pensaba que estaba acompañado, y que el vacío interno que crecía cada día era producto de estrés, de mi imaginación. No fue sino hasta que caí gravemente enfermo y me puse a meditar de mi vida, que me di cuenta de lo solo que estaba, de lo insignificante que era.

Nunca recibí el apoyo incondicional que siempre deben dar los padres; nunca supe lo que era el amor de unos abuelos ya que mis padres no se llevaban bien con los suyos. Nunca supe lo que era la amistad desinteresada, ya que desde que caí enfermo, a pesar de mis constantes llamadas no he recibido la primera visita de ellos. Nunca supe lo que era el amor verdadero, ya que la que me iba a amar por siempre me dejó al saber que me iba a morir.
Lo último que vi antes de cerrar mis ojos, y me hizo pensar que mi vida no fue en vano, fue el rostro de una enfermera que me sonrió cálidamente; puedo jurarles que es la sonrisa más hermosa que he visto desde el día que nací, y estoy feliz que haya sido la última imagen de mi vida.

Esa sonrisa fue como una luz al final del túnel, como un llamado de paz en medio de una guerra, como la risa de un niño, como agua cuando estas sediento, como el triunfo merecido, como el perdón en una pelea, como el abrazo de una madre, como hacer sentir orgulloso a tu padre, esa sonrisa fue esperanza, esa sonrisa fue vida.

domingo, 16 de diciembre de 2012

YA BASTA


¿no estás molesto?

Llevan años decidiendo por ti y lo que haces es quejarte, llega el momento en el que te puedes levantar, en el que puedes luchar, y tú solo te sientas y ves como el tiempo pasa, escuchas el reloj marcar la hora, campanada tras campanada, ya van a ser las seis y no te has acercado a la mesa de votación… ¿no te sientes avergonzado? ¿no te da pena con los demás?

Te recuerdo que no eres tú el único que sufre. Te recuerdo que no eres el único que tiene que pagar por los platos rotos, aquí sufrimos todos y hemos de pagar todos por igual, ya que un país es como una casa, una familia; lamentablemente como en toda familia están las ovejas negras, las que ignoran el sufrimiento ajeno y las que apoyan la corrupción y las que se dejan engañar con palabras disfrazadas.

En el país en el que vivo hay muchas ovejas negras, aquellas que dejan que la corrupción gane, pero esas mismas ovejas son las que primero se quejan de la inseguridad, son las que no pagan cuando tienen que hacerlo, son las que dejan al país sufriendo mientras ellas se van por una corta temporada a un lugar de confort y cuando regresan solo tienen ánimos de criticar… ¿Qué les puedo decir? Si NO votan NO se quejen, no tienen derecho a hacerlo, lo perdieron cuando les entregaron en bandeja de plata el país a aquellos corruptos un poco ignorantes pero extremadamente inteligentes (debo aceptarlo, son malévolamente brillantes) cuyas palabras convencen a un pueblo ignorado en un pasado.

Es nuestra culpa, es la culpa de los presidentes anteriores, de unos partidos que se llamaban democráticos cuando de democracia tenían el nombre nada más y que favorecían a una clase social en particular… he de aceptar que éramos un país pobre de espíritu. Pero ya no, hemos demostrado tener espíritu de sobra, hemos demostrado tener orgullo, si, perdimos las presidenciales, no en toda guerra se ganan todas las batallas, hay que saber perder, aunque nos cueste, aunque nos deprimamos hemos de sabernos levantar; no hay pero que valga, te levantas por ti y por tu familia, te levantas por aquella oveja negra que deja a la corrupción ser y por aquella otra, no tan negra sino gris, que vota por aquello que según ella está bien, pero que vota, e intenta valer sus derechos… te levantas por todos y ayudas a los demás a levantarse, no hay depresión que valga, o te levantas o te dejas pisar… y nosotros somos muy orgullosos pero aún así hemos sido pisados por 12 años, ¿no les gustaría decir “YA BASTA”?

Ya basta, de tantas injusticias, de tanta corrupción, de tantos asesinatos, de tantos robos y de tantos secuestros, de que el dólar suba un día sí y el otro también, que en el súper-mercado no consigas lo que necesitas y tienes la obligación de recorrerte cinco más para lograr comprar la comida de la quincena, que el dinero que ganas no sea suficiente para pagar la renta, los colegios y la comida, que no tengas plata que ahorrar, que te roben el celular en la parada del autobús, que los motorizados no respeten las normas de tránsito, que todo el mundo esté todo el tiempo a la defensiva, que no haya ni un poquito de tolerancia, en especial por esto último hay que gritar ¡YA BASTA!

Yo quiero vivir en un país donde las clases sociales se toleren las unas a las otras, donde haya un poco de caridad, donde no importa tu religión o color de piel vas a ser aceptado por todo el mundo, donde la educación valga lo que se paga, donde los profesores ganen más salario y donde en vez de dar armas a los niños se les den libros… yo quiero un país fructífero, donde no importa si eres del campo o de la ciudad, donde todo el mundo sea respetuoso con los adultos, donde en un autobús a los ancianos y a los discapacitados se les ceda un asiento, donde en cualquier centro comercial o local nadie se estacione en un puesto de discapacitado si no lo es. Quiero un país donde se respeten las normas y en donde mande alguien que se instruyó para ocupar el cargo de tanta importancia, porque el gobernador o presidente tiene que ser alguien instruido, que estudió para ocupar dicho cargo y que tiene un futuro planeado para su país.

Y sobre todo, no importa cuán estrecho o difícil se vea el camino, si sólo dos personas son las que lo construyen el camino tardará mucho en hacerse, en cambio si somos muchos podremos construir un camino bueno, seguro y victorioso para nuestra VENEZUELA. 

sábado, 29 de septiembre de 2012

El café


                                           

       Era de noche, su turno había comenzado hacía tan solo cuarenta minutos, la gente entraba y salía del Café a cada rato, sólo una persona permanecía en su sitio mirando a la ventana, una muchacha, de escasos veinticinco años de edad, capaz menos y muy poco probable que tuviese mas. Desde que había empezado su turno la joven no había vuelto la vista en ningún momento, sus ojos estaban clavados en el gran ventanal que los separaba de la caminería por donde pasaban los transeúntes apurados, ya que el cielo amenazaba con soltarse a llorar. Sus ojos miraban curiosos a la joven, bonita y con unos ojos espectacularmente tristes, en sus manos se posaba una taza de café humeante y en sus labios una triste sonrisa.

       Pasó una hora y luego otra, y la joven seguía en el mismo lugar con aquella mirada vaga que tanto sorprendía al trabajador del café; sus ojos cada vez se ponían más tristes y su sonrisa depresiva se iba borrando convirtiéndose en una mueca de dolor. 

      El trabajador la observaba cada vez más preocupado, preguntándose quién o qué era el causante de la desdicha de esa persona; al rato se le acercó ofreciéndole otra taza de café, la cual ella rechazó con un leve movimiento de la cabeza una sonrisa en los labios y una lágrima en la mejilla izquierda.

      No hay que decir que aquello conmovió al trabajador, en lo más profundo de su corazón una ventana se abrió, con la esperanza de que la brisa que entrara a través de ella fuera el consuelo de aquella lagrima caída en batalla.

     Al rato de aquel intercambio de expresiones la joven con un ademan de la mano pidió la cuenta, el joven se la dio y con disimulo metió en el bolso de la joven una hoja de papel doblada en donde había escrito lo siguiente:
“el cielo está gris y cae la lluvia, relámpagos suenan como si no fuera haber un mañana, cada segundo que pasa es un instante perdido, y una sonrisa no dada es como un diente caído, espero verte algún día con una sonrisa en la boca, me alegrarías el día ya que como tú no hay otra”
Le sonrió de manera expresiva y se despidió de ella con un “vuelve pronto” la joven se fue sin mirar atrás.

      Al día siguiente, en el turno de la tarde el joven se presentó a trabajar, nuevamente estaba la joven del día anterior, fue a su mesa a ofrecerle café, mirando con insistencia su rostro esperando ver algún signo de tristeza, cuando estuvo a su lado con la cafetera medio inclinada, la joven alzo la mirada y lo miró a los ojos, sus labios se curvaron en una sonrisa de genuina felicidad y asintiendo le dijo en un tono de voz bien timbrado

-          Gracias, gracias por todo

Amor versus Odio...


Guerras, todo en la vida son guerras,
Peleas entre hermanos,
Peleas entre amigos,
 Peleas entre pueblos,
Peleas de enemigos.

La gente anda muriendo
Hermanos matan a hermanos,
Amistades se están rompiendo
Y maldades se están formando.

Quien diría que en estos tiempos,
Si, en estos revoltosos momentos,
Podría florecer una flor,
Sembrada con mucho amor.

Amor en tiempos de odio,
Odio en tiempos de amor,
La vida se acaba y no oigo,
Sigo sin escuchar la razón.

La razón de este tormento,
La razón de muchos momentos,
Momentos de odio sembrado,
Un odio mal infundado.

La vida se nos acaba,
En un parpadeo nos quedamos sin nada,
Y la gente sigue peleando,
Ignorando las rosas que se han sembrado.

¿Podrían pasiones opuestas
Encontrar una unión?
O simplemente el odio
Vale mas que el amor.

Por que al parecer el dinero,
Del odio salió esta vez,
Sin darse cuenta que primero
Fue el amor y no al revés.

viernes, 22 de julio de 2011

Dos amigos

Esta es una pequeña historia que menciona a dos grandes amigos, unos amigos poco usuales, y creo yo, que son unos amigos que por estar siempre juntos nunca nadie los toma como ejemplos para contar algún cuento, un día de estos ellos se me acercaron y me dijeron que escribiera un pequeño cuento sobre ellos, yo me senté frente a la computadora y empecé a pensar… “¿Qué escribo?”. Llegue dos días después a donde ellos estaban y les dije que nada se me había ocurrido, entonces ellos me dijeron, escribe lo que nosotros te vayamos a contar y ponlo de manera en que te veas como un escritor en 3ra persona, me gustó la idea, tomé mi libreta de notas y un bolígrafo y copié los cuatro diálogos que conformó el relato de estos dos “individuos” que se llaman respectivamente Los Ojos y La Boca:

Un día que Los ojos y La Boca iban caminando sonrientes y campantes en la ciudad El Cuerpo Humano, mientras caminaban La Boca le dijo a Los Ojos algo que lo dejó pensativo por tan sólo unos instantes.

- Estoy feliz- Los Ojos, un tanto curiosos le preguntaron

- ¿Por qué?

- Porque puedo sonreír – Los Ojos, luego de unos segundos de pensar lo que su amiga La Boca recién había dicho, le dijo

- ¿Y eso que tiene de especial? Digo, yo soy feliz no porque sonrío, sino porque puedo verte sonreír.



Daniela Peña (:

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Reír :)

Hay cosas que hacen a uno reír, pero no por necesidad porque cause gracia, muchas cosas si causan gracia y muchas cosas no, entre las que sí y las que no hay veces que me río:



Por tu cara,

Por tus ojos,

Por tus palabras,

Por tus logros,

Por tus prosas,

Por tus versos,

Por tus sonrisas,

Por tus miradas,

Por tus caricias,

Por casi nada,

Por un chiste,

Por una lágrima,

Por un sentimiento,

Por un error,

Por algo planeado,

Por algo espontáneo,

Porque está bien,

Porque está mal,

Porque no es blanco,

Porque no es negro,

Por una pregunta,

Por una respuesta,

Por algo incoherente,

Por estar sola,

Por tener miedo,

Por tener prisa,

Por un deseo,

Por dos palabras,

Por un te quiero.

Daniela Peña I

miércoles, 20 de octubre de 2010

Haz algo...


He sido maltratada,

He dado todo y me he quedado sin nada,

Nunca les he negado algo,

Ya que ese tipo de cosas yo no hago.

Los he consentido niños míos,

Y ustedes han abusado,

Se quejan cuando los castigo,

Pero me siguen maltratando.

Poco a poco mi vida se acaba,

Y yo los quiero seguir abrigando,

Aunque de mi bondad abusen,

Y les ofrezca mi mano

Y tomen mi brazo,

Hasta que ya no pueda,

Yo que soy su madre Tierra,

Lo seguiré cuidando.

Daniela Peña