
Juana era una joven muy pobre, enviudó la niña al poco tiempo de casarse, y ahora ella y su esposo viven muy felices en su mansión de las Filipinas, que está muy cerca del río Nilo que desemboca en el Atlántico, por ahí donde está Hawái, esa misma, la isla artificial gigante, donde habitan seres diminutos de unos dos metros con la piel tostada por el sol, ¡nunca he visto a personas tan blancas!, la cabeza del más grande no me llega ni a la cintura, pero yo soy bastante alta, mido metro y medio, bueno, cuando por primera vez conocí a esos morenazos, el más alto me cargo, era como llegar al cielo, casi casi podía tocar las nubes; volviendo a Petra, sus cuatro maridos la tenían a la muy pobre muy ocupada, las sirvientas hacían en esa casa todo el trabajo, mientras que ella se pintaba las uñas en la peluquería, que no recibía casi visitas, solo unas ciento veinte mujeres al día, pero para las que atendían eso no era suficiente, las cuentas de sus bancos estaban repletas de dinero y vivían en unos ranchitos por allá, por la Floresta, donde no hay más que unas magníficas mansiones de color blanco, ¡que colores tan maravillosos tienen esas casotas!, una vez vi una de color anaranjado carretera, maravilloso color, no hay duda alguna. Pero para hacerles el cuento corto me extenderé un mucho más, Josefina no tuvo hijos, sus pequeños infantes se llamaban Carlos, Juan, José, Adriana y Federica, nombres muy estadounidenses, sus cinco esposos se llamaban Luis y Miguel, cuánto amo Elisa a su marido Enrique, no había un trío que se detestara más que esos cuatro. Y terminando esta historia, digo que estoy nada más en el principio, y ahora me despido ¡hola!

NOTA!: Esto es total y completamente producto del consumo de Honguis.
Con un poco de mejor ortografía lograrías algo un poco mejor.
ResponderEliminarMe recuerda a Grabriel García Márquez, no te inspiraste en él?
No... mi inspiración fue pura y completamente producto del dulce ingerido instantes ante de escribir
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